lunes, 18 de mayo de 2015

LITERATURA Y PERIODISMO

Taller: “Relato de un náufrago”




1.    Resumen
“Relato de un náufrago que estuvo diez días a la deriva en una balsa sin comer ni beber, que fue proclamado héroe de la patria, besado por las reinas de belleza y hecho rico por la publicidad, y luego aborrecido por el gobierno y olvidado para siempre”. (Márquez, 1970, p.1)

Según lo anterior, el libro empieza con un pequeño párrafo descriptivo de la historia de un náufrago que paso a la deriva diez días sin comer ni beber nada. Luego se da a conocer la noticia de ocho marineros colombianos miembros de la tripulación del destructor Caldas, desaparecidos en el mar a causa de una tormenta; suceso publicado el 28 de febrero de 1955. A su vez se cuenta la  manipulación del gobierno hacia dicho suceso, después Gabriel García Márquez relata con detalles la llegada de Luis Alejandro Velasco único sobreviviente de aquel supuesto naufragio, al periódico “El Espectador”.

Luego se narra la historia a través del personaje principal. Se relata en cada uno de los diez días vividos en mar abierto los sucesos y sensaciones de un marinero colombiano perdido en el océano, que luego regresa como un héroe a su país, es utilizado por los medios y la política, para luego ser echado al olvido.

Al final el personaje con su valentía y experiencia naval logra llegar a la playa de Mulatos, Urabá, donde es acogido en primera instancia por un hombre nativo de la región  y su familia, luego el pueblo y las autoridades se enteran a través de la radio lo sucedido con el marinero, convirtiéndose este en un héroe nacional. Los primeros días permanece en la clínica y es altamente custodiado, en pro de que no cuente lo realmente acontecido. Allí en el hospital logra ser intervenido por un periodista del “Tiempo”, infiltrado en el personal médico.   Luego es condecorado por el aquel entonces presidente de la republica Gustavo Rojas Pinilla;  utilizado por la publicidad y manipulado por los medios.

2.    Descripción del personaje principal (Luis Alejandro Velasco)
Era un joven bogotano de 20 años que pertenecía a la marina colombiana, al parecer buen amigo,  de cuerpo macizo, gentil, servicial, detallista, con un asombroso instinto en el arte de narrar, con muy buena memoria y entregado a los demás, aunque en ocasiones bebedor y problemático en el bar del puerto Mobile llamado “Joe Palooka”, donde de vez en cuando iba con sus compañeros de tripulación.
3.    ¿Cuál es la causa real del naufragio?
Un accidente a causa del oleaje del mar; no fue ninguna tormenta como publicaron los medios, ni un naufragio, pues que en el diccionario de la Real Academia


Española dice que un naufragio es “dicho de una embarcación: Irse a pique o perderse”, por ende la historia no es un naufragio, es un accidente en el mar, con un sobreviviente que supera las adversidades del océano.
4.    Punto de vista del narrador
El narrador de la historia es protagónico de omnisciencia limita, debido a la trama del accidente en el mar, puesto que el lector entra en relación directa con un personaje principal y lo identifica con notoriedad.
5.    Episodio más dramático
Esta pregunta es subjetiva, porque para mi percepción del libro y experiencia vivencial, tener un accidente, luego ver morir a varios de tus buenos amigos y tener que enfrentarse a las adversidades del mar, es algo dramático, triste y de una conmoción tan diversa que se debe tener una postura tan firme y clara de vida para no desfallecer y entregársele a la muerte.
Momento dramático (Fragmento del libro “Relato de un náufrago”)
¡Sólo tres metros!
Si hubiera tenido que decidirlo, no habría sabido por cuál de mis compañeros empezar. Pero cuando vi a Ramón Herrera, el de la bronca en Mobile, el alegre muchacho de Arjona que pocos minutos antes estaba conmigo en la popa, empecé a remar con desesperación. Pero la balsa tenía casi 2 metros de largo. Era muy pesada en aquel mar encabritado y yo tenía que remar contra la brisa. Creo que no logré hacerla avanzar un metro. Desesperado, miré otra vez alrededor y ya Ramón Herrera había desaparecido de la superficie. Sólo Luis Rengifo nadaba con seguridad hasta la balsa. Yo estaba seguro de que la alcanzaría. Lo había oído roncar como un trombón, debajo de mi tarima, y estaba convencido de que su serenidad era más fuerte que el mar.
En cambio, Julio Amador luchaba con Eduardo Castillo para que no se soltara de su cuello. Estaban a menos de tres metros. Pensé que si se acercaban un poco más podría tenderles un remo para que se agarrasen. Pero en ese instante una ola gigantesca suspendió la balsa en el aire y vi, desde la cresta enorme, el mástil del destructor, que se alejaba. Cuando volví a descender, Julio Amador había desaparecido, con Eduardo Castillo agarrado al cuello. Solo, a dos metros de distancia, Luis Rengifo seguía nadando serenamente hacia la balsa.
No sé por qué hice esa cosa absurda: sabiendo que no podía avanzar, metí el remo en el agua, como tratando de evitar que la balsa se moviera, como tratando de clavarla en su sitio. Luis Rengifo, fatigado, se detuvo un instante, levantó la mano como cuando sostenía en ella los auriculares, y me gritó otra vez:
-¡Rema para acá, gordo!
La brisa venía en la misma dirección. Le grité que no podía remar contra la brisa, que hiciera un último esfuerzo, pero tuve la sensación de que no me oyó. Las cajas de mercancías habían desaparecido y la balsa bailaba de un lado a otro, batida por las olas. En un instante estuve a más de cinco metros de Luis Rengifo, y lo perdí de vista. Pero apareció por otro lado, todavía sin desesperarse, hundiéndose contra las olas para evitar que lo alejaran. Yo estaba de pie, ahora con el remo en alto, esperando que Luis Rengifo se acercara lo suficiente como para que pudiera alcanzarlo. Pero entonces noté que se fatigaba, se desesperaba. Volvió a gritarme, hundiéndose ya:
-¡Gordo... Gordo...!
Traté de remar., pero seguía siendo inútil, como la primera vez. Hice un último esfuerzo para que Luis Rengifo alcanzara el remo, pero la mano levantada, la que pocos -Minutos antes había tratado de evitar que se hundieran los auriculares, se hundió en ese momento para siempre, a menos de dos metros del remo... No sé cuánto tiempo estuve así, parado, haciendo equilibrio en la balsa, con el remo levantado. Examinaba el agua. Esperaba que de un -momento a otro surgiera alguien en la superficie. Pero el mar estaba limpio y el viento, cada vez más fuerte, golpeaba contra mi camisa con un aullido de perro. La mercancía había desaparecido. El mástil, cada vez más distante, me indicó que el destructor no se había hundido, como lo creí al principio. Me sentí tranquilo: pensé que dentro de un momento vendrían a buscarme. Pensé que alguno de mis compañeros había logrado alcanzar la otra balsa. No había razón para que no lo hubieran logrado. No eran balsas dotadas, porque la verdad es que ninguna de las balsas del destructor estaba dotada. Pero había seis en total, aparte de los botes y balleneras. Pensaba que era enteramente normal que algunos. De mis compañeros hubieran alcanzado las otras balsas, como alcancé yo la mía, y que acaso el destructor nos estuviera buscando.
De pronto me di, cuenta del sol. Un sol caliente y metálico, del puro mediodía. Atontado, todavía sin recobrarme por completo, miré el reloj. Eran las doce clavadas.

6.    Sentido de crítica frente a los medios de comunicación
Se muestra en primera instancia la manipulación política por parte de las autoridades, luego la tergiversación mediática presente en los medios de comunicación. Se envuelve al personaje en pro de la audiencia, el prestigio militar y gubernamental que vivía en aquel entonces nuestro país bajo la dictadura del General Gustavo Rojas Pinilla.
No se muestra al periodista como generador o educador de un cambio social, sino un personaje con ambiciones de vender y ganar, con un minino de objetividad frente al suceso pero evocando su subjetividad en el producto a vender.

Por otra parte la publicidad se presenta como un zorro audaz y periodista detallista, que no necesita objetividad, puesto que de lo sucedido con Luis Alejandro Velasco, obtendrá un mecanismo referente con base en una historia heroica, ayudando a vender productos y servicios. (Relojes, anuncios promocionales, zapatos, comidas, etc.)

7.    Opinión personal sobre el libro
Es un libro accesible a cualquier tipo de persona amante o no a la lectura, con palabras claras y algunas claves del leguaje propio de un marino. Es una historia de un suceso real, narrada a través de su protagonista de manera cronológica. Se cuenta día por día las experiencias, los miedos, las sensaciones y los padecimientos de aquel mal llamado náufrago, en mi parecer sobreviviente del mar.

Es un relato entretenido, al parecer muy real y verídico, lleno de detalles, descripciones de momentos, personajes y emociones desde el personaje principal. Se hace de la historia un accidente de navegación y no la fachada de un naufragio en son de unos benéficos políticos, económicos y sociales, en otras palabras se quiere presentar la verdadera historia, sin mediadores ni manipulaciones; un relato que llegó a las manos de un periodista en periódico “El Espectador”, como una noticia refrita, que luego evocaría la manipulación y el engaño de distintos entes sociales, políticos y económicos. (Medios de comunicación, Gobierno y publicidad).

El autor logra a través de los recuerdos y enseñanzas de aquel marinero bogotano, con más cara de trompetista que de héroe, evocar esos momentos de soledad, angustia, tristeza y esperanza vividos a través de la balsa, el océano, las gaviotas, los peces de metro y medio, los tiburones puntuales, los aviones y los primeros recuerdos de aquel 9 de marzo de 1955, a las 10:00 am.

Bibliografía:

·         GARCÍA Márquez, Gabriel. “Relato de un Náufrago”. Editorial Norma. 1970. Pag.  102.




Anécdota del primer contacto con las drogas de Wilson Daniel Gómez Valencia, habitante de calle desde los 14 años.



Tenía 14 años y vivía en la ciudad de Bogotá, mi familia Gómez Valencia se rodeaba de mucho glamur y prestico,  entre  políticos y empresarios, fiestas de millonarios y concursos internaciones, parecían una familia plástica de esa que hay por ahí.  Recuerdo esto porque de tanta presión social  y abandono  por parte de la familia, emprendí camino, sin papeles ni dinero a la eterna primera de los paisas, la ciudad de Medellín.  
   
Para llegar a Medellín me tocó viajar de mula en mula, pidiendo muchas veces y trabajado cuando se podida en bares y restaurantes de la carretera. Llegue  el 1 de septiembre de 2009 al barrio Prado, me hospede en un hotel que decía en la entrada “la noche a $10.000”, se ajustaba a mi presupuesto y quería descansar de tanto trajín, baños sucios, humillaciones, camioneros,  policías,  y un gamín que casi me atraca en plena avenida Oriental.

Pase una de las mejores noches de mi vida, aunque antes de dormir escuché a un hombre pegándole fuertemente en la nalga a una mujer que gemía sin parar.  Me levante, me bañe y fui a desayunar  arepa con huevo, quesito y chocolate en el restaurante del hotel; en aquel entonces  valía tres mil pesos, ahora creo que ya ni venden por que los de salubridad los hicieron cerrar. Ese día inicié camino al sector de Tejelo donde un viejo conocido de la familia Don Augusto Lozano me ayudaría a conseguir un plante de bolsas y gomitas, como forma de trabajo independiente.

Pasaron los días y ya llevaba un mes en “medallo”, trabajando limpiamente y pagando hotel a diario, con tres comidas al día  y de vez en cuando comía trabajadora social del “Raudal”. Eran tiempos maravillosos, de fortalecimiento personal, espiritual y laboral. Ya ni me acordaba de cuánto tiempo llevaba en aquel hotel de Prado, hasta que conocí a Natalia Ortega; mujer alta, de piel blanca, ojos café oscuros, mirada sensual, flaca y con unos labios carnudos que provocaban modérelos a cada instante. La vi en uno de los pasillos del hotel, al lado de otra mujer más joven que ella, luego  le pregunte su nombre y me presente formalmente, ella solo reía y me miraba tiernamente. Al finalizar mi presentación ella me toma de la mano y me dice:

-          ¿Vamos a tu habitación y nos conocemos más?  

Sin contestar palabra, la agarre más fuerte su mano y la bese con dulzura en aquellos tentadores labios, luego caminamos hacia mi habitación sin soltarnos las manos y mirándonos de reojo. Al llegar a la puerta ella se arrodillo, bajo la bragueta de mi pantalón y empezó a succionar lentamente mi miembro inferior.  Al terminar ese momento de placer, que sería mi condena por falta de autonomía, Natalia Ortega se limpia la boca y me dice:
-          Quiero un polvo mágico para soñar a tu lado ¿Wilson vaya tráigame una papeleta de bazuco que venden en la esquina? 

Sin medir prejuicios y debido al momento de excitación y placer ofrecidos por esa mujer hacia mí; me dirigí de infracto a la esquina, compre tres papeletas de polvo mágico y regrese a la habitación.  Entre al cuarto agitado porque quería devorarme a esa hembra; al entrar me espera aquella mujer totalmente desnuda y con un maquillaje blanco en su nariz.  Se me acerca lentamente y me dice:
-          Prenda pues eso que trajo si quiere más de mí.

Emocionado y sin pensar en el mañana, le entre el bazuco, ella  lo cogió, se rio a carcajadas y fue a sacar una tarjeta de su bolso. Luego me dirigí al baño a quitarme la ropa y desde allí vi a Natalia sentada en la cama preparando la dosis, no resistí las ganas y me zambullí entre sus piernas, para calmar las ansias y probar algo más en aquella mujer. Ella no se resistió mi estimulo, dejo el polvo a un lado, me abrazo fuertemente y empezamos la fornicación hasta el amanecer.

Una loca noche, una noche loca pero  como nada es perfecto la droga se tenía que consumir según Natalia, había que acabar con eso antes de salir del hotel; decidimos empezar. Tenía el fuego listo; el corazón me palpitaba fuertemente por las ansias y los nervios. El polvo estaba preparado y entre mis labios una especie de pipa con un papel brillante cubriéndola totalmente, parecía un trofeo de segundo lugar. Prendo el trofeo, entra el humo y empieza a quemar mi cuerpo poco a poco, salgo corriendo de la habitación, luego del hotel y en la calle, a la luz pública soy el hazmerreír de todos. Ese fue mi  primer “pipaso” y contacto con las drogas en la ciudad de Medellín.


Entre tristezas y alegrías. Una mirada de la vida de Antonio Daniel Uribe Valencia Santos



Es temprano en la mañana en el centro de la ciudad de Medellín, el clima es agradable, ni calor ni frio. ”La gente parece corriendo, unas máquinas del sistema”, dice Daniel mientras alista su hipoclorito, su  pólvora de diversos aromas y su plástico viejo. Al finalizar de empacar dice “la vida es un fiesta que toca bailar, vamos a bailarla”, coge su maleta roja llena de esperanzas y buena energía y parte a trabajar al barrio Moravia, un vendedor de bolsas, incienso y aseo para el hogar. 

Antonio Daniel Uribe Valencia Santos, más conocido en el Parque Berrio como “El Rolo”, es un habitante de calle nacido en la ciudad de Bogotá en el año de 1980, rebuscador, vendedor de bolsas para la basura y recolector de libras de arroz que cambia por sonrisas o algún producto que tenga a la mano. Es  inteligente aunque nunca termino el bachillerato, los valores inculcados por su familia de la alta alcurnia y burguesía de la ciudad de Bogotá, le han permitido ser reconocido como un buen ayudante para los comerciantes del sector del Centro de Medellín.

En el pasado su apariencia era de piel trigueña, ojos claros, acuerpado y  no tenía ningún bello en su rostro.  Sus dientes eran perfectos, blancos como un diamante y en su maxilar inferior  tenía un diente de oro que contrastaba con su sonrisa. Daniel al vestirse era muy sofisticado y elegante, pues que, su madre Lina de Uribe le tenía diseñador personal. Tenía trajes y prendas de vestir para todo tipo de ocasión  eventos sociales, públicos o simplemente su padre Álvaro en campaña política.

“El rolo” era y sigue siendo una persona muy conservadora, coqueto, gracioso, generoso, travieso, sensible, creativo, sonriente, genuino y paciente, no imita a nadie simplemente es el mismo, aunque sufre de delirios de persecución debido al consumo de perico. Le colabora al que lo necesita, cordial y un trabajador innato, una persona peculiar del sector del centro.

Daniel se cansó de los lujos y presiones de su padre y encontró en Mariana Rincón empleada del servicio de su hogar, a su compañera, amiga y amante; una persona encantadora, tierna, traviesa y muy bella, que lo encaminaría hacia la perdición, el vicio, el robo y la calle. En una fiesta de tantas Mariana y Daniel salen de un bar ebrios y armados, en el camino hacia la casa de Daniel deciden robar a una mujer pero el intento falla, puesto que, aquella mujer iba escoltada… Mariana muere por dos impactos de bala en su cabeza, Daniel le quita el arma al escolta y este lo apuñala en dos ocasiones.

Luego de haber recibido las puñaladas por parte del escolta de la mujer aquella, una en un brazo y la otra en su espalda, Daniel pierde la movilidad en su brazo derecho y parte de la movilidad en su pierna derecha, este hecho lo hace prevenirse y huye a la ciudad de Medellín, debido a que días después se involucraría en deudas de alto costo con diferentes bandas de criminales del barrio Simón Bolívar de la ciudad de Bogotá. Ahora en su presente tiene la piel curtida, de textura rasgada por el tiempo y el consumo de bazuco y licor. Su dentadura ha cambiado,  ya se encuentra podrida y solo le quedan seis dientes, tres arriba y tres abajo. Todos de color amarillo y negro; pierde su diente de oro en un juego de cartas al igual que varios de sus costoso trajes.

“El rolo” por su consumo ya ha perdido la noción de cuidado personal y aunque trabaja de vez en cuando bañado y con ropa limpia, sus dientes dejaron de ser una prioridad. Daniel ahora es flaco, de unos 50 kg de peso, de mirada turbia, aunque es muy alegre en su personalidad; las drogas se comieron y casi que aniquilaron sus músculos pero su espíritu quedo intacto. Sus gestos aunque extrovertidos combinados con sus palabras hacen un ambiente agradable, con risas y particularidades del día a día en su trabajo. 

“Llego el rolo” “Baritas, incienso, bolsas y libras de arroz que me regalen, jajaja” grita Daniel mientras recorre la Calle 20E del barrio Moravia. Este trabaja cuatro o cinco veces a la semana y tiene rutas establecidas en los barrios Santa Rita, Moravia, la Candelaria y Bello. Ofrece su mercancía en todas las casas donde es reconocido, a veces le regalan desayuno y a veces libras de arroz. Daniel trabajará hasta las cuatro de la tarde y luego regresará al centro a surtir mercancía para el siguiente día.

La ropa de Daniel ya no es de diseñador personal, ahora es obsequio de la Alcaldía de Medellín, personas caritativas y clientes de los distintos barrios; de vez en cuando “el rolo” recoge para comprarse un cobija fina que le quiete el frio en el patio donde duerme y buzos para burlar el frio cuando le toca dormir en la calle.

La familia Uribe Valencia Santos es originaria de la ciudad de Bogotá y está compuesta por políticos, económicos, abogados y periodistas. La infancia y adolecía de Daniel se desarrolló en ambientes de lujos y la fama; una vida de prestigio a nivel político de sus padres, tíos y primos. Cuenta Daniel que no soporto tal presión familiar y se dedicó a otra forma vida, aunque perdió el rumbo en la delincuencia y las drogas. Pero dice que no hay mal que por bien no venga, puesto que, ama y respeta la ciudad de Medellín como su primer hogar y lugar de libertad personal.

Su madre Lina se preocupa constantemente y cuando Daniel lo permite le envía dinero; “el rolo” le huye a la mirada y juicio de su madre pero sueña con volver a sus brazos y vivir de nuevo un mañana a su lado.
Daniel Uribe  tiene tres pares de zapatos de buena marca y materiales. Unas botas negras de cuero y platina que un comerciante le regalo, las utiliza para trabajar. Los fines de semana se pone alguno de sus dos pares de zapatos marca Nike, los cuales utiliza para cotizar y verse mejor presentado para las chicas malvadas del sector de “raudal”. “El rolo” a pesar de ser muy inteligente e independiente de sí mismo, sufre delios  de persecución y paranoias, en momentos de efervescencia y altos nivel de alcohol, llora y se esconde porque siente que lo van a matar a tiros o descuartizado.

Termina el jornal de Daniel a las cuatro de la tarde; cuarenta y cinco minutos después llega al negocio “Doña Bolsa” y cuenta a Teresa Ramírez propietaria del almacén que ha se recogió veinte libras de arroz y vendió más de cuarenta mil pesos en mercancía. “Amasita la hice hoy de cuenta del pueblo”, luego canta “la calle es una selva de cemento y me la mecatie en cosita, jajajajaja”.

“El rolo” se surte de mercancía para el siguiente día y como es día de semana se dirige a descansar, comer y bañarse al patio de Centro Día 2, programa de la Alcaldía de Medellín para el habitante de calle. Los fines de semana Daniel paga hotel de $12.000 pesos en el sector de Prado, más específicamente en el hotel Real que cuenta con bañera y camas muy cómodas según Daniel. Aunque este confiesa que le gustaría pagar hotel diariamente pero que por su consumo de marihuana, perico y alcohol no lo puede hacer.

Daniel Uribe o “El rolo” o como mejor suene, no sueña con ser feliz, ni tener riquezas, ni reconocimientos o apariencias como muchos de nosotros, que pensamos solo en consumo y vida material o que vivimos para sacarle al otro, el sueña con un despertar sin drogas ni olor a mierda, con un diploma de bachillerato y doña  Lina a su lado, con dar y no recibir, viviendo  de lo simple y no de lo aparente, y sonriéndole a la vida aunque solo se tengan seis dientes.


Pambelé: UN costeño que algún día iba a proclamarse campeón mundial
  

Cuando era joven, Antonio Cervantes, antes de recibir su legendario apodo, trabajaba vendiendo cigarrillos contrabandeados y enceraba zapatos en los parques de su natal San Basilio de Palenque, cuando empezó en el deporte del combate, era poco lo que ganaba con un estilo inofensivo y frágil, aunque nunca se dudaron de sus ganas, estas no le bastaban para tener el reconocimiento que iba a tener años más tarde. Poco a poco, y a medida que fue escalando en el boxeo, mayor reconocimiento se le iba teniendo con el transcurrir de los combates, y cuando llegó su momento a principios de los años ‘80s, comienzan las numerosas contradicciones en su vida de triunfador y pobreza.

Kid Pambelé: Me acuerdo de cada una de mis peleas como si estuvieran grabadas en las palmas de mis manos, como las líneas que dictaminan el futuro; y de mis rivales, lo recios que parecían hasta que mis devastadores jabs y uppercuts los rozara siquiera, entonces llegaba el momento del grito del locutor ensordeciendo la multitud con mi elegante apodo “Kid Pambelé”. Siempre amé la palabra ganador, será por mi pasado duro y mis ganas de sobresalir en una sociedad que me tomara en cuenta, a la que pudiera brindar algo más que una encerada de zapatos o una cajetilla de cigarrillos, y eso pensaba brindarles aquel 28 de octubre de 1972 en el Gimnasio Nuevo Panamá, donde me enfrentaría a Peppermint Frazer.

Antonio Cervantes y Kid Pambelé son dos personas distintas, uno de los dos es el lado humano del animal y se complementan mutuamente. Cuando el primero ganaba con imponentes jabs y uppercuts, el segundo soplaba licor y drogas; todo lo que el cuerpo le permitía. Cuando el uno no cesaba de entrenar y sudaba cada gota del esfuerzo que le exigía ser campeón del mundo, el segundo se encontraba en riñas callejeras y de mala muerte después de salir de un prostíbulo. Este el contraste del campeón, de la imponente bestia morena de la costa colombiana, que tenía una vida muy ambigua.

Sin reservas y teniendo de referente la historia de vida de Antonio Cervantes, me atrevería a decir que el animal es Kid Pambelé, un descontrolado y ostentoso, que surgió de la pobreza colombiana. Y no Antonio, el joven disciplinado y juicioso que soñaba con ser campeón mundial. Quienes lo conocen recuerdan a la persona humilde, alegre y perfeccionista, aunque por otro lado, Kid Pambelé se mantiene como ese ente en la cabeza de Antonio, que alguna vez fue campeón y no puede dejar atrás. Habría muchos rastros de la triste condición actual del campeón que suponen una debilidad colectiva por la fama y su falta de manejo, y por el afán de los colombianos de encontrar reconocimiento para justificar una vida vacía donde los frenos se dejan en la casa y el acelerador se sostiene en la calle.

¿Quién iba a pensar que ese costeño de piel morena, larguirucho y de mirada vacía iba alguna vez a proclamarse campeón mundial de boxeo?, tal vez todo el mundo que lo vio boxear contra el panameño Peppermint Frazer en el año 72, o tal vez nadie. Y quizás esas son las diversas teorías surgidas de su condición humilde en un país como Colombia, que antes de Pambelé no había tenido reconocimiento alguno en el deporte.

Referencia:
Perfil basado en la crónica de Alberto Salcedo Ramos “El oro y la oscuridad. La vida gloriosa y trágica de Kid Pambelé”

El fútbol y una clase del semestre


Sentado en frente del computador a las 7:00 a.m., el miércoles 17 de diciembre de 2014, Andrés Garcés Henao estudiante de comunicación social de la Fundación Universitaria Luis Amigó, se preparaba para matricular nueve materias pertinentes del octavo semestre de la carrera, anuqué este exceptuaría inglés para poder coger una electiva, ya fuera relaciones públicas o periodismo y literatura. Andrés espera pacientemente mientras escucha música electrónica a un alto volumen.

A las 8:45 a.m. Andrés termina de matricular todas las materias y su horario queda listo para el primer semestre de 2015; semestre en el cual concluirá las materias “amigoninas”, filosofía de la universidad y las electivas, requisito y mirada al perfil profesional de cada estudiante. Andrés apaga el computador y se duerme plácidamente, debido a que la noche anterior se la paso de fiesta con sus amigos del barrio. Este joven continuará en vacaciones hasta que inicie el semestre el 30 de enero de 2015.

Andrés es un joven  de 1.90 de estatura, alegre, extrovertido, paciente, generoso y muy familiar. Sus ojos son grandes y muy verdes, como dos linternas alumbrando en la oscuridad, su piel es blanca y tiene un tatuaje de Bob Marley en su espalda, a todo color. Este  muchacho de apenas 20 años de edad aprovecha su estatura y vitalidad para jugar baloncesto y así mantener un buen estado físico, aunque juega baloncesto, este joven le fascina el fútbol y es apasionado por el Real Madrid. Andrés vive en Robledo, barrio popular y renovado de la ciudad de Medellín, con su padre German y hermano Ricardo. Su madre María años atrás se separa del padre de Andrés por alcohólico y actualmente vive con una de sus hermanas en el barrio Buenos Aires.

Pasaron los días  y semestre de Andrés empezó, como también empezó el torneo europeo más tradicional “The Champions League”…. Transcurre el semestre y así mismo los partidos, los cuales se disputan los martes y miércoles en semana, en un horario de 1:30 p.m. y 2:30 p.m. Horario en el cual Andrés tiene clase de “Desarrollo humano” los días martes y los miércoles la materia electiva “Periodismo y literatura”.

Solo faltaban dos clases para terminar la materia de periodismo y literatura, y la docente Amparo Mesa, escritora, locutora y de muy buena retentiva y actitud, propone como actividad final del curso realizar una crónica inspirada en el parque de Botero, cerca de la estación del metro del parque Berrio.

La profesora Amparo dice: “muchos nos encontramos en el parque de Botero la próxima clase, a las 2 pm para realizar la crónica. Avísenle sus compañeros que no vinieron el día de hoy”.

Andrés en aquel momento se toca su cabeza con molestia porque sabe que ese día y a esa hora se juega la semifinal de “la Champions”, entre el Real Madrid y la Juventus.

- Ah ¿qué voy hacer? clase y partido; será que  me invento una excusa o mejor soy responsable y voy, pero James como está jugando y las niñas que van a estar viendo el partido, ah será estudiar. Andrés le comenta a su amigo Gustavo su dilema moral, mientras piensa que hacer para poder ver el partido y no faltar a clase.

Miércoles 13 de mayo de 2015, 2:00 pm, se llega el día y la hora del encuentro de los estudiantes de “Periodismo y literatura” en el parque de Botero, al mismo tiempo se da el encuentro de semifinales entre el Real Madrid y la Juventus.  Andrés llega puntual al parque Botero, saluda a sus compañeros y a la profesora y espera indicaciones.

La profesora Mesa dice: “jóvenes  yo voy a estar aquí en la entrada del Museo de Antioquia por si se le presenta alguna inquietud, vayan y recorran el sector,  busquen una historia que les llame la atención para realizar la crónica y la presentaran la próxima clase del 20 de mayo”.

- ¡Mostro goleamos! vamos a ver el coge, le dice Gustavo a Andrés con una gran sonrisa en su rostro.

- Espere yo le pregunto bien a la profesora, le responde Andrés a Gustavo.

- ¿Profe entonces ya no nos tenemos que volver a encontrar aquí de nuevo? Andrés le pregunta a su profesora.

- No Andrés, si tienen alguna inquietud aquí voy a estar. La profesora Amparo le responde la duda a Andrés.

Al instante de la respuesta de la profesora Mesa, Andrés voltea todo su cuerpo y mira a Gustavo con malicia y sin decirse una sola palabra salen corriendo despavoridos para la panadería “El pan caliente”, cercana al sector de Téjelo y al parque de Botero, donde sin ninguna preocupación verán el partido de su amado Real Madrid y luego si se preocuparan un poco en la crónica final y nota decisiva del curso periodismo y literatura.

























































































martes, 6 de noviembre de 2012

Anteproyecto: El “barrismo” en Colombia-Crónica


Justificación

Personajes

Simón Quintero, joven de 20 años de edad, es un aficionado e hincha fanático dl Atlético Nacional. Desde pequeño su padre le enseño que era el fútbol  aunque su hijo no salió hincha del Independiente Medellín como lo soñaba él. Simón hace parte de la barra Los Del Sur hace 7 años y lo acompaña a otras ciudades hace 2 años.

Pablo García, el un pelado de 19 de edad pero parece de más edad debido a su gran estatura. Pablo como miles de personas mas es hincha del verdolaga como lo denomina él. Pablo acompaña a Nacional fecha tras fecha pero solo lo hace cuando su equipo amado juega de local, su primer viaje será este fin de semana con algunos compañeros de la universidad.

“El pirata”, es un joven loco e intrépido, tiene 19 años y lleva en su brazo varios tatuajes alusivos a su equipo amado el Atlético Nacional, lo acompaña a todos lados pero este personaje tiene peculiar, llega a todas las ciudades de Colombia sin un centavo, puesto que se cola en las mulas para llegar gratis. (Este personaje me pidió que guardara su identidad y le colocara ese seudónimo).

Juan David Velázquez, hombre de 22 años, trabajador incansable que se gana día a día su plata honradamente, manejando un camión de alimentos. Vive con sus padres en el barrio Buenos Aires y la mayoría de su sueldo se lo gasta en viajes siguiendo a su equipo amado, Nacional.

Carlos Espinosa, es un joven de 19 años de edad, estudia comunicación social y ya ve su futuro en ese campo del aprendizaje. Lleva 6 años en la barra Los Del Sur y viaja siguiendo al Atlético Nacional hace 3 años. Su padre desde pequeño le inculco el amor por el verde, su bonita historia entre jugadores, copas y grandiosas anécdotas.
     
Historia
Para ser barrista sólo hay que estar con el equipo en las malas y en las buenas, alentarlo fecha tras fecha en cada cancha, no importa en qué lugar juegue. Ser barrista es aplaudir a tu equipo al final del partido tras una derrota o una goleada y  lucir la camiseta siempre con un gran orgullo”. (Arboleda, 2009, P. 1).

Este grupo intrépido de cinco jóvenes comparte una misma pasión y sentimiento por un equipo colombiano; Simón quien es el dueño del carro decide armar viaje para la ciudad de Manizales a seguir al Atlético Nacional, puesto que este era un partido decisivo y tenían que ganar fuera como fuera.

Juan David, “el pirata”, Pablo y Carlos deciden viajar con Simón y acompañar al equipo antioqueño en este partido tan importante. En el transcurso del viaje se cuentan anécdotas, vivencias y algunos comentarios de los protagonistas de esta crónica.  

Estructura

Empecé narrado el gol del partido anterior que jugó Atlético Nacional en la ciudad de Barranquilla frente al Junior. Luego hago una breve descripción sobre cada uno de los personajes excepto Carlos.

Al finalizar con los personajes empiezo a contar muy detalladamente las conversaciones, momentos, gestos y palabras que se dan en aquel carro del joven Simón.

Luego cuento los sucesos de la llega a Manizales antes, durante y después del partido las pelas, los cánticos, la salida de los equipos, los goles y algunos percances vividos aquel día.

Me apasiona contar esta historia debido al rechazo que existe en la sociedad, sobre aquel mundo oculto de ser barritas, los mitos y el rechazo que se da por parte de las gentes. Trato de llegar hasta el sentimiento de aquella persona hincha y fanático, para mostrar su cara positiva y negativa.
Trabajo de campo

Viví todo el transcurso del viaje hacia la ciudad de Manizales preguntando, observando y anotando todos los pormenores que en aquel viaje ocurrieron. Tuve la oportunidad de grabar algunas conversaciones de los jóvenes en el carro y algunos videos dentro del estadio.

Pase tres días planeando con Simón y Pablo aquel viaje, debido a que Simón y yo queríamos entregar de trabajo final para producción de texto una crónica de algún viaje con Nacional. (Simón Quintero ve esta materia con el profesor Mauricio Correa).

Complete durante 4 semana un glosario corto pero con excelente significados del parlache de los jóvenes hoy en día en la ciudad de  Medellín.