Taller: “Relato de un náufrago”
1.
Resumen
“Relato de un náufrago que
estuvo diez días a la deriva en una balsa sin comer ni beber, que fue
proclamado héroe de la patria, besado por las reinas de belleza y hecho rico
por la publicidad, y luego aborrecido por el gobierno y olvidado para siempre”.
(Márquez, 1970, p.1)
Según lo anterior, el libro
empieza con un pequeño párrafo descriptivo de la historia de un náufrago que
paso a la deriva diez días sin comer ni beber nada. Luego se da a conocer la
noticia de ocho marineros colombianos miembros de la tripulación del destructor
Caldas, desaparecidos en el mar a causa de una tormenta; suceso publicado el 28
de febrero de 1955. A su vez se cuenta la
manipulación del gobierno hacia dicho suceso, después Gabriel García
Márquez relata con detalles la llegada de Luis Alejandro Velasco único
sobreviviente de aquel supuesto naufragio, al periódico “El Espectador”.
Luego se narra la historia a
través del personaje principal. Se relata en cada uno de los diez días vividos
en mar abierto los sucesos y sensaciones de un marinero colombiano perdido en
el océano, que luego regresa como un héroe a su país, es utilizado por los
medios y la política, para luego ser echado al olvido.
Al final el personaje con su
valentía y experiencia naval logra llegar a la playa de Mulatos, Urabá, donde es
acogido en primera instancia por un hombre nativo de la región y su familia, luego el pueblo y las
autoridades se enteran a través de la radio lo sucedido con el marinero,
convirtiéndose este en un héroe nacional. Los primeros días permanece en la
clínica y es altamente custodiado, en pro de que no cuente lo realmente
acontecido. Allí en el hospital logra ser intervenido por un periodista del
“Tiempo”, infiltrado en el personal médico.
Luego es condecorado por el aquel
entonces presidente de la republica Gustavo Rojas Pinilla; utilizado por la publicidad y manipulado por
los medios.
2.
Descripción del personaje principal (Luis
Alejandro Velasco)
Era un joven bogotano de 20
años que pertenecía a la marina colombiana, al parecer buen amigo, de cuerpo macizo, gentil, servicial,
detallista, con un asombroso instinto en el arte de narrar, con muy buena
memoria y entregado a los demás, aunque en ocasiones bebedor y problemático en
el bar del puerto Mobile llamado “Joe Palooka”, donde de vez en cuando iba con
sus compañeros de tripulación.
3.
¿Cuál es la causa real del naufragio?
Un accidente a causa del
oleaje del mar; no fue ninguna tormenta como publicaron los medios, ni un
naufragio, pues que en el diccionario de la Real Academia
Española dice que un
naufragio es “dicho de una embarcación: Irse a pique o perderse”,
por ende la historia no es un naufragio, es un accidente en el mar, con un
sobreviviente que supera las adversidades del océano.
4.
Punto de vista del narrador
El narrador de la historia
es protagónico de omnisciencia limita, debido a la trama del accidente en el
mar, puesto que el lector entra en relación directa con un personaje principal
y lo identifica con notoriedad.
5.
Episodio más dramático
Esta pregunta es subjetiva, porque
para mi percepción del libro y experiencia vivencial, tener un accidente, luego
ver morir a varios de tus buenos amigos y tener que enfrentarse a las
adversidades del mar, es algo dramático, triste y de una conmoción tan diversa
que se debe tener una postura tan firme y clara de vida para no desfallecer y
entregársele a la muerte.
Momento dramático (Fragmento
del libro “Relato de un náufrago”)
¡Sólo tres metros!
Si
hubiera tenido que decidirlo, no habría sabido por cuál de mis compañeros
empezar. Pero cuando vi a Ramón Herrera, el de la bronca en Mobile, el alegre
muchacho de Arjona que pocos minutos antes estaba conmigo en la popa, empecé a
remar con desesperación. Pero la balsa tenía casi 2 metros de largo. Era muy
pesada en aquel mar encabritado y yo tenía que remar contra la brisa. Creo que
no logré hacerla avanzar un metro. Desesperado, miré otra vez alrededor y ya
Ramón Herrera había desaparecido de la superficie. Sólo Luis Rengifo nadaba con
seguridad hasta la balsa. Yo estaba seguro de que la alcanzaría. Lo había oído
roncar como un trombón, debajo de mi tarima, y estaba convencido de que su
serenidad era más fuerte que el mar.
En
cambio, Julio Amador luchaba con Eduardo Castillo para que no se soltara de su
cuello. Estaban a menos de tres metros. Pensé que si se acercaban un poco más
podría tenderles un remo para que se agarrasen. Pero en ese instante una ola
gigantesca suspendió la balsa en el aire y vi, desde la cresta enorme, el
mástil del destructor, que se alejaba. Cuando volví a descender, Julio Amador
había desaparecido, con Eduardo Castillo agarrado al cuello. Solo, a dos metros
de distancia, Luis Rengifo seguía nadando serenamente hacia la balsa.
No sé
por qué hice esa cosa absurda: sabiendo que no podía avanzar, metí el remo en
el agua, como tratando de evitar que la balsa se moviera, como tratando de
clavarla en su sitio. Luis Rengifo, fatigado, se detuvo un instante, levantó la
mano como cuando sostenía en ella los auriculares, y me gritó otra vez:
-¡Rema
para acá, gordo!
La
brisa venía en la misma dirección. Le grité que no podía remar contra la brisa,
que hiciera un último esfuerzo, pero tuve la sensación de que no me oyó. Las
cajas de mercancías habían desaparecido y la balsa bailaba de un lado a otro,
batida por las olas. En un instante estuve a más de cinco metros de Luis Rengifo,
y lo perdí de vista. Pero apareció por otro lado, todavía sin desesperarse,
hundiéndose contra las olas para evitar que lo alejaran. Yo estaba de pie,
ahora con el remo en alto, esperando que Luis Rengifo se acercara lo suficiente
como para que pudiera alcanzarlo. Pero entonces noté que se fatigaba, se
desesperaba. Volvió a gritarme, hundiéndose ya:
-¡Gordo...
Gordo...!
Traté
de remar., pero seguía siendo inútil, como la primera vez. Hice un último
esfuerzo para que Luis Rengifo alcanzara el remo, pero la mano levantada, la
que pocos -Minutos antes había tratado de evitar que se hundieran los
auriculares, se hundió en ese momento para siempre, a menos de dos metros del
remo... No sé cuánto tiempo estuve así, parado, haciendo equilibrio en la
balsa, con el remo levantado. Examinaba el agua. Esperaba que de un -momento a
otro surgiera alguien en la superficie. Pero el mar estaba limpio y el viento,
cada vez más fuerte, golpeaba contra mi camisa con un aullido de perro. La
mercancía había desaparecido. El mástil, cada vez más distante, me indicó que
el destructor no se había hundido, como lo creí al principio. Me sentí
tranquilo: pensé que dentro de un momento vendrían a buscarme. Pensé que alguno
de mis compañeros había logrado alcanzar la otra balsa. No había razón para que
no lo hubieran logrado. No eran balsas dotadas, porque la verdad es que ninguna
de las balsas del destructor estaba dotada. Pero había seis en total, aparte de
los botes y balleneras. Pensaba que era enteramente normal que algunos. De mis
compañeros hubieran alcanzado las otras balsas, como alcancé yo la mía, y que
acaso el destructor nos estuviera buscando.
De
pronto me di, cuenta del sol. Un sol caliente y metálico, del puro mediodía.
Atontado, todavía sin recobrarme por completo, miré el reloj. Eran las doce
clavadas.
6.
Sentido de crítica frente a los medios de
comunicación
Se muestra en primera
instancia la manipulación política por parte de las autoridades, luego la
tergiversación mediática presente en los medios de comunicación. Se envuelve al
personaje en pro de la audiencia, el prestigio militar y gubernamental que
vivía en aquel entonces nuestro país bajo la dictadura del General Gustavo
Rojas Pinilla.
No se muestra al periodista
como generador o educador de un cambio social, sino un personaje con ambiciones
de vender y ganar, con un minino de objetividad frente al suceso pero evocando
su subjetividad en el producto a vender.
Por otra parte la publicidad
se presenta como un zorro audaz y periodista detallista, que no necesita
objetividad, puesto que de lo sucedido con Luis Alejandro Velasco, obtendrá un
mecanismo referente con base en una historia heroica, ayudando a vender
productos y servicios. (Relojes, anuncios promocionales, zapatos, comidas, etc.)
7.
Opinión personal sobre el libro
Es un libro accesible a
cualquier tipo de persona amante o no a la lectura, con palabras claras y
algunas claves del leguaje propio de un marino. Es una historia de un suceso
real, narrada a través de su protagonista de manera cronológica. Se cuenta día
por día las experiencias, los miedos, las sensaciones y los padecimientos de
aquel mal llamado náufrago, en mi parecer sobreviviente del mar.
Es un relato entretenido, al
parecer muy real y verídico, lleno de detalles, descripciones de momentos, personajes
y emociones desde el personaje principal. Se hace de la historia un accidente
de navegación y no la fachada de un naufragio en son de unos benéficos
políticos, económicos y sociales, en otras palabras se quiere presentar la
verdadera historia, sin mediadores ni manipulaciones; un relato que llegó a las
manos de un periodista en periódico “El Espectador”, como una noticia refrita,
que luego evocaría la manipulación y el engaño de distintos entes sociales,
políticos y económicos. (Medios de comunicación, Gobierno y publicidad).
El autor logra a través de
los recuerdos y enseñanzas de aquel marinero bogotano, con más cara de
trompetista que de héroe, evocar esos momentos de soledad, angustia, tristeza y
esperanza vividos a través de la balsa, el océano, las gaviotas, los peces de
metro y medio, los tiburones puntuales, los aviones y los primeros recuerdos de
aquel 9 de marzo de 1955, a las 10:00 am.
Bibliografía:
·
GARCÍA Márquez, Gabriel. “Relato de un Náufrago”.
Editorial Norma. 1970. Pag. 102.
Anécdota del primer contacto con las drogas de Wilson Daniel Gómez Valencia, habitante de calle desde los 14 años.
Tenía 14 años y vivía en la
ciudad de Bogotá, mi familia Gómez Valencia se rodeaba de mucho glamur y
prestico, entre políticos y empresarios, fiestas de
millonarios y concursos internaciones, parecían una familia plástica de esa que
hay por ahí. Recuerdo esto porque de
tanta presión social y abandono por parte de la familia, emprendí camino, sin
papeles ni dinero a la eterna primera de los paisas, la ciudad de
Medellín.
Para llegar a Medellín me
tocó viajar de mula en mula, pidiendo muchas veces y trabajado cuando se podida
en bares y restaurantes de la carretera. Llegue
el 1 de septiembre de 2009 al barrio Prado, me hospede en un hotel que
decía en la entrada “la noche a $10.000”, se ajustaba a mi presupuesto y quería
descansar de tanto trajín, baños sucios, humillaciones, camioneros, policías,
y un gamín que casi me atraca en plena avenida Oriental.
Pase una de las mejores
noches de mi vida, aunque antes de dormir escuché a un hombre pegándole
fuertemente en la nalga a una mujer que gemía sin parar. Me levante, me bañe y fui a desayunar arepa con huevo, quesito y chocolate en el
restaurante del hotel; en aquel entonces
valía tres mil pesos, ahora creo que ya ni venden por que los de
salubridad los hicieron cerrar. Ese día inicié camino al sector de Tejelo donde
un viejo conocido de la familia Don Augusto Lozano me ayudaría a conseguir un
plante de bolsas y gomitas, como forma de trabajo independiente.
Pasaron los días y ya
llevaba un mes en “medallo”, trabajando limpiamente y pagando hotel a diario,
con tres comidas al día y de vez en
cuando comía trabajadora social del “Raudal”. Eran tiempos maravillosos, de fortalecimiento
personal, espiritual y laboral. Ya ni me acordaba de cuánto tiempo llevaba en
aquel hotel de Prado, hasta que conocí a Natalia Ortega; mujer alta, de piel blanca,
ojos café oscuros, mirada sensual, flaca y con unos labios carnudos que
provocaban modérelos a cada instante. La vi en uno de los pasillos del hotel,
al lado de otra mujer más joven que ella, luego
le pregunte su nombre y me presente formalmente, ella solo reía y me
miraba tiernamente. Al finalizar mi presentación ella me toma de la mano y me
dice:
-
¿Vamos a tu habitación y nos conocemos más?
Sin contestar palabra, la
agarre más fuerte su mano y la bese con dulzura en aquellos tentadores labios,
luego caminamos hacia mi habitación sin soltarnos las manos y mirándonos de
reojo. Al llegar a la puerta ella se arrodillo, bajo la bragueta de mi pantalón
y empezó a succionar lentamente mi miembro inferior. Al terminar ese momento de placer, que sería
mi condena por falta de autonomía, Natalia Ortega se limpia la boca y me dice:
-
Quiero un polvo mágico para soñar a tu lado ¿Wilson
vaya tráigame una papeleta de bazuco que venden en la esquina?
Sin medir prejuicios y
debido al momento de excitación y placer ofrecidos por esa mujer hacia mí; me
dirigí de infracto a la esquina, compre tres papeletas de polvo mágico y
regrese a la habitación. Entre al cuarto
agitado porque quería devorarme a esa hembra; al entrar me espera aquella mujer
totalmente desnuda y con un maquillaje blanco en su nariz. Se me acerca lentamente y me dice:
-
Prenda pues eso que trajo si quiere más de
mí.
Emocionado y sin pensar en
el mañana, le entre el bazuco, ella lo
cogió, se rio a carcajadas y fue a sacar una tarjeta de su bolso. Luego me
dirigí al baño a quitarme la ropa y desde allí vi a Natalia sentada en la cama
preparando la dosis, no resistí las ganas y me zambullí entre sus piernas, para
calmar las ansias y probar algo más en aquella mujer. Ella no se resistió mi
estimulo, dejo el polvo a un lado, me abrazo fuertemente y empezamos la
fornicación hasta el amanecer.
Una loca noche, una noche
loca pero como nada es perfecto la droga
se tenía que consumir según Natalia, había que acabar con eso antes de salir
del hotel; decidimos empezar. Tenía el fuego listo; el corazón me palpitaba
fuertemente por las ansias y los nervios. El polvo estaba preparado y entre mis
labios una especie de pipa con un papel brillante cubriéndola totalmente,
parecía un trofeo de segundo lugar. Prendo el trofeo, entra el humo y empieza a
quemar mi cuerpo poco a poco, salgo corriendo de la habitación, luego del hotel
y en la calle, a la luz pública soy el hazmerreír de todos. Ese fue mi primer “pipaso” y contacto con las drogas en
la ciudad de Medellín.
Entre tristezas y alegrías. Una mirada de la vida de Antonio Daniel Uribe Valencia Santos
Es
temprano en la mañana en el centro de la ciudad de Medellín, el clima es
agradable, ni calor ni frio. ”La gente parece corriendo, unas máquinas del
sistema”, dice Daniel mientras alista su hipoclorito, su pólvora de diversos aromas y su plástico
viejo. Al finalizar de empacar dice “la vida es un fiesta que toca bailar,
vamos a bailarla”, coge su maleta roja llena de esperanzas y buena energía y
parte a trabajar al barrio Moravia, un vendedor de bolsas, incienso y aseo para
el hogar.
Antonio
Daniel Uribe Valencia Santos, más conocido en el Parque Berrio como “El Rolo”,
es un habitante de calle nacido en la ciudad de Bogotá en el año de 1980,
rebuscador, vendedor de bolsas para la basura y recolector de libras de arroz
que cambia por sonrisas o algún producto que tenga a la mano. Es inteligente aunque nunca termino el
bachillerato, los valores inculcados por su familia de la alta alcurnia y
burguesía de la ciudad de Bogotá, le han permitido ser reconocido como un buen
ayudante para los comerciantes del sector del Centro de Medellín.
En
el pasado su apariencia era de piel trigueña, ojos claros, acuerpado y no tenía ningún bello en su rostro. Sus dientes eran perfectos, blancos como un
diamante y en su maxilar inferior tenía
un diente de oro que contrastaba con su sonrisa. Daniel al vestirse era muy
sofisticado y elegante, pues que, su madre Lina de Uribe le tenía diseñador
personal. Tenía trajes y prendas de vestir para todo tipo de ocasión eventos sociales, públicos o simplemente su
padre Álvaro en campaña política.
“El
rolo” era y sigue siendo una persona muy conservadora, coqueto, gracioso, generoso,
travieso, sensible, creativo, sonriente, genuino y paciente, no imita a nadie
simplemente es el mismo, aunque sufre de delirios de persecución debido al
consumo de perico. Le colabora al que lo necesita, cordial y un trabajador
innato, una persona peculiar del sector del centro.
Daniel
se cansó de los lujos y presiones de su padre y encontró en Mariana Rincón
empleada del servicio de su hogar, a su compañera, amiga y amante; una persona
encantadora, tierna, traviesa y muy bella, que lo encaminaría hacia la
perdición, el vicio, el robo y la calle. En una fiesta de tantas Mariana y
Daniel salen de un bar ebrios y armados, en el camino hacia la casa de Daniel
deciden robar a una mujer pero el intento falla, puesto que, aquella mujer iba
escoltada… Mariana muere por dos impactos de bala en su cabeza, Daniel le quita
el arma al escolta y este lo apuñala en dos ocasiones.
Luego
de haber recibido las puñaladas por parte del escolta de la mujer aquella, una
en un brazo y la otra en su espalda, Daniel pierde la movilidad en su brazo
derecho y parte de la movilidad en su pierna derecha, este hecho lo hace
prevenirse y huye a la ciudad de Medellín, debido a que días después se
involucraría en deudas de alto costo con diferentes bandas de criminales del
barrio Simón Bolívar de la ciudad de Bogotá. Ahora en su presente tiene la piel
curtida, de textura rasgada por el tiempo y el consumo de bazuco y licor. Su
dentadura ha cambiado, ya se encuentra
podrida y solo le quedan seis dientes, tres arriba y tres abajo. Todos de color
amarillo y negro; pierde su diente de oro en un juego de cartas al igual que
varios de sus costoso trajes.
“El
rolo” por su consumo ya ha perdido la noción de cuidado personal y aunque
trabaja de vez en cuando bañado y con ropa limpia, sus dientes dejaron de ser
una prioridad. Daniel ahora es flaco, de unos 50 kg de peso, de mirada turbia,
aunque es muy alegre en su personalidad; las drogas se comieron y casi que
aniquilaron sus músculos pero su espíritu quedo intacto. Sus gestos aunque
extrovertidos combinados con sus palabras hacen un ambiente agradable, con
risas y particularidades del día a día en su trabajo.
“Llego
el rolo” “Baritas, incienso, bolsas y libras de arroz que me regalen, jajaja”
grita Daniel mientras recorre la Calle 20E del barrio Moravia. Este trabaja cuatro
o cinco veces a la semana y tiene rutas establecidas en los barrios Santa Rita,
Moravia, la Candelaria y Bello. Ofrece su mercancía en todas las casas donde es
reconocido, a veces le regalan desayuno y a veces libras de arroz. Daniel
trabajará hasta las cuatro de la tarde y luego regresará al centro a surtir
mercancía para el siguiente día.
La
ropa de Daniel ya no es de diseñador personal, ahora es obsequio de la Alcaldía
de Medellín, personas caritativas y clientes de los distintos barrios; de vez
en cuando “el rolo” recoge para comprarse un cobija fina que le quiete el frio
en el patio donde duerme y buzos para burlar el frio cuando le toca dormir en
la calle.
La
familia Uribe Valencia Santos es originaria de la ciudad de Bogotá y está compuesta
por políticos, económicos, abogados y periodistas. La infancia y adolecía de
Daniel se desarrolló en ambientes de lujos y la fama; una vida de prestigio a
nivel político de sus padres, tíos y primos. Cuenta Daniel que no soporto tal
presión familiar y se dedicó a otra forma vida, aunque perdió el rumbo en la
delincuencia y las drogas. Pero dice que no hay mal que por bien no venga, puesto
que, ama y respeta la ciudad de Medellín como su primer hogar y lugar de
libertad personal.
Su
madre Lina se preocupa constantemente y cuando Daniel lo permite le envía
dinero; “el rolo” le huye a la mirada y juicio de su madre pero sueña con
volver a sus brazos y vivir de nuevo un mañana a su lado.
Daniel
Uribe tiene tres pares de zapatos de
buena marca y materiales. Unas botas negras de cuero y platina que un
comerciante le regalo, las utiliza para trabajar. Los fines de semana se pone
alguno de sus dos pares de zapatos marca Nike, los cuales utiliza para cotizar
y verse mejor presentado para las chicas malvadas del sector de “raudal”. “El
rolo” a pesar de ser muy inteligente e independiente de sí mismo, sufre
delios de persecución y paranoias, en momentos
de efervescencia y altos nivel de alcohol, llora y se esconde porque siente que
lo van a matar a tiros o descuartizado.
Termina
el jornal de Daniel a las cuatro de la tarde; cuarenta y cinco minutos después
llega al negocio “Doña Bolsa” y cuenta a Teresa Ramírez propietaria del almacén
que ha se recogió veinte libras de arroz y vendió más de cuarenta mil pesos en
mercancía. “Amasita la hice hoy de cuenta del pueblo”, luego canta “la calle es
una selva de cemento y me la mecatie en cosita, jajajajaja”.
“El
rolo” se surte de mercancía para el siguiente día y como es día de semana se
dirige a descansar, comer y bañarse al patio de Centro Día 2, programa de la
Alcaldía de Medellín para el habitante de calle. Los fines de semana Daniel
paga hotel de $12.000 pesos en el sector de Prado, más específicamente en el
hotel Real que cuenta con bañera y camas muy cómodas según Daniel. Aunque este confiesa
que le gustaría pagar hotel diariamente pero que por su consumo de marihuana,
perico y alcohol no lo puede hacer.
Daniel
Uribe o “El rolo” o como mejor suene, no sueña con ser feliz, ni tener riquezas,
ni reconocimientos o apariencias como muchos de nosotros, que pensamos solo en
consumo y vida material o que vivimos para sacarle al otro, el sueña con un
despertar sin drogas ni olor a mierda, con un diploma de bachillerato y
doña Lina a su lado, con dar y no
recibir, viviendo de lo simple y no de
lo aparente, y sonriéndole a la vida aunque solo se tengan seis dientes.
Pambelé: UN
costeño que algún día iba a proclamarse campeón mundial
Cuando
era joven, Antonio Cervantes, antes de recibir su legendario apodo, trabajaba
vendiendo cigarrillos contrabandeados y enceraba zapatos en los parques de su
natal San Basilio de Palenque, cuando empezó en el deporte del combate, era
poco lo que ganaba con un estilo inofensivo y frágil, aunque nunca se dudaron
de sus ganas, estas no le bastaban para tener el reconocimiento que iba a tener
años más tarde. Poco a poco, y a medida que fue escalando en el boxeo, mayor
reconocimiento se le iba teniendo con el transcurrir de los combates, y cuando
llegó su momento a principios de los años ‘80s, comienzan las numerosas contradicciones
en su vida de triunfador y pobreza.
Kid
Pambelé: Me acuerdo de cada una de mis peleas como si estuvieran grabadas en
las palmas de mis manos, como las líneas que dictaminan el futuro; y de mis
rivales, lo recios que parecían hasta que mis devastadores jabs y uppercuts los
rozara siquiera, entonces llegaba el momento del grito del locutor
ensordeciendo la multitud con mi elegante apodo “Kid Pambelé”. Siempre amé la
palabra ganador, será por mi pasado duro y mis ganas de sobresalir en una
sociedad que me tomara en cuenta, a la que pudiera brindar algo más que una
encerada de zapatos o una cajetilla de cigarrillos, y eso pensaba brindarles
aquel 28 de octubre de 1972 en el Gimnasio Nuevo Panamá, donde me enfrentaría a
Peppermint Frazer.
Antonio
Cervantes y Kid Pambelé son dos personas distintas, uno de los dos es el lado
humano del animal y se complementan mutuamente. Cuando el primero ganaba con
imponentes jabs y uppercuts, el segundo soplaba licor y drogas; todo lo que el
cuerpo le permitía. Cuando el uno no cesaba de entrenar y sudaba cada gota del
esfuerzo que le exigía ser campeón del mundo, el segundo se encontraba en riñas
callejeras y de mala muerte después de salir de un prostíbulo. Este el
contraste del campeón, de la imponente bestia morena de la costa colombiana,
que tenía una vida muy ambigua.
Sin
reservas y teniendo de referente la historia de vida de Antonio Cervantes, me
atrevería a decir que el animal es Kid Pambelé, un descontrolado y ostentoso,
que surgió de la pobreza colombiana. Y no Antonio, el joven disciplinado y
juicioso que soñaba con ser campeón mundial. Quienes lo conocen recuerdan a la
persona humilde, alegre y perfeccionista, aunque por otro lado, Kid Pambelé se
mantiene como ese ente en la cabeza de Antonio, que alguna vez fue campeón y no
puede dejar atrás. Habría muchos rastros de la triste condición actual del
campeón que suponen una debilidad colectiva por la fama y su falta de manejo, y
por el afán de los colombianos de encontrar reconocimiento para justificar una
vida vacía donde los frenos se dejan en la casa y el acelerador se sostiene en
la calle.
¿Quién
iba a pensar que ese costeño de piel morena, larguirucho y de mirada vacía iba
alguna vez a proclamarse campeón mundial de boxeo?, tal vez todo el mundo que
lo vio boxear contra el panameño Peppermint
Frazer en el año 72, o tal vez nadie. Y quizás esas son las diversas
teorías surgidas de su condición humilde en un país como Colombia, que antes de
Pambelé no había tenido reconocimiento alguno en el deporte.
Referencia:
Perfil basado en la crónica de Alberto Salcedo Ramos
“El oro y la oscuridad. La vida gloriosa y trágica de Kid Pambelé”
El fútbol y una clase del semestre
Sentado en frente del
computador a las 7:00 a.m., el miércoles 17 de diciembre de 2014, Andrés Garcés
Henao estudiante de comunicación social de la Fundación Universitaria Luis
Amigó, se preparaba para matricular nueve materias pertinentes del octavo semestre
de la carrera, anuqué este exceptuaría inglés para poder coger una electiva, ya
fuera relaciones públicas o periodismo y literatura. Andrés espera
pacientemente mientras escucha música electrónica a un alto volumen.
A las 8:45 a.m. Andrés
termina de matricular todas las materias y su horario queda listo para el
primer semestre de 2015; semestre en el cual concluirá las materias “amigoninas”,
filosofía de la universidad y las electivas, requisito y mirada al perfil
profesional de cada estudiante. Andrés apaga el computador y se duerme
plácidamente, debido a que la noche anterior se la paso de fiesta con sus
amigos del barrio. Este joven continuará en vacaciones hasta que inicie el
semestre el 30 de enero de 2015.
Andrés es un joven de 1.90 de estatura, alegre, extrovertido,
paciente, generoso y muy familiar. Sus ojos son grandes y muy verdes, como dos
linternas alumbrando en la oscuridad, su piel es blanca y tiene un tatuaje de
Bob Marley en su espalda, a todo color. Este muchacho de apenas 20 años de edad aprovecha
su estatura y vitalidad para jugar baloncesto y así mantener un buen estado
físico, aunque juega baloncesto, este joven le fascina el fútbol y es
apasionado por el Real Madrid. Andrés vive en Robledo, barrio popular y
renovado de la ciudad de Medellín, con su padre German y hermano Ricardo. Su
madre María años atrás se separa del padre de Andrés por alcohólico y
actualmente vive con una de sus hermanas en el barrio Buenos Aires.
Pasaron los días y semestre de Andrés empezó, como también
empezó el torneo europeo más tradicional “The Champions League”…. Transcurre el
semestre y así mismo los partidos, los cuales se disputan los martes y
miércoles en semana, en un horario de 1:30 p.m. y 2:30 p.m. Horario en el cual
Andrés tiene clase de “Desarrollo humano” los días martes y los miércoles la
materia electiva “Periodismo y literatura”.
Solo faltaban dos clases
para terminar la materia de periodismo y literatura, y la docente Amparo Mesa,
escritora, locutora y de muy buena retentiva y actitud, propone como actividad
final del curso realizar una crónica inspirada en el parque de Botero, cerca de
la estación del metro del parque Berrio.
La profesora Amparo dice:
“muchos nos encontramos en el parque de Botero la próxima clase, a las 2 pm
para realizar la crónica. Avísenle sus compañeros que no vinieron el día de
hoy”.
Andrés en aquel momento se
toca su cabeza con molestia porque sabe que ese día y a esa hora se juega la
semifinal de “la Champions”, entre el Real Madrid y la Juventus.
- Ah ¿qué voy hacer? clase y
partido; será que me invento una excusa
o mejor soy responsable y voy, pero James como está jugando y las niñas que van
a estar viendo el partido, ah será estudiar. Andrés le comenta a su amigo Gustavo
su dilema moral, mientras piensa que hacer para poder ver el partido y no
faltar a clase.
Miércoles 13 de mayo de
2015, 2:00 pm, se llega el día y la hora del encuentro de los estudiantes de
“Periodismo y literatura” en el parque de Botero, al mismo tiempo se da el
encuentro de semifinales entre el Real Madrid y la Juventus. Andrés llega puntual al parque Botero, saluda
a sus compañeros y a la profesora y espera indicaciones.
La profesora Mesa dice:
“jóvenes yo voy a estar aquí en la entrada
del Museo de Antioquia por si se le presenta alguna inquietud, vayan y recorran
el sector, busquen una historia que les
llame la atención para realizar la crónica y la presentaran la próxima clase
del 20 de mayo”.
- ¡Mostro goleamos! vamos a
ver el coge, le dice Gustavo a Andrés con una gran sonrisa en su rostro.
- Espere yo le pregunto bien a
la profesora, le responde Andrés a Gustavo.
- ¿Profe entonces ya no nos
tenemos que volver a encontrar aquí de nuevo? Andrés le pregunta a su profesora.
- No Andrés, si tienen alguna
inquietud aquí voy a estar. La profesora Amparo le responde la duda a Andrés.
Al instante de la respuesta
de la profesora Mesa, Andrés voltea todo su cuerpo y mira a Gustavo con malicia
y sin decirse una sola palabra salen corriendo despavoridos para la panadería
“El pan caliente”, cercana al sector de Téjelo y al parque de Botero, donde sin
ninguna preocupación verán el partido de su amado Real Madrid y luego si se
preocuparan un poco en la crónica final y nota decisiva del curso periodismo y
literatura.



